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Tuesday, July 8, 2008

Los Amorosos


Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino.
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran buscan.

Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor,
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte,
Espereanm
no esperan nada, pero esperan,
Saben que nunca han de encontrar .
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago,

Los amorosos son locos, sólo locos
sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman la perpetuidad, verídicamente.
de las que creen en el amor como en un lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan al largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se averguenzan de toda conformación

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente

Les lleva a veces un olor a tierra recién nacida
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida
y se van llorando, llorando
la hermosa vida


Jaime Sabines

Me dueles


mensamente, insoportablmenete, me dueles.
Toma mi cabeza, córtame el cuello.
Nada queda de mí después de este amor.

Entre los escombros de mi alma búscame,
escúchame.
En algún sitio mi voz, sobreviviente, llama,
pide tu asombro,
tu iluminado silencio.

Atravesando muros, atmósferas, edades,
tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto)
viene desde la muerte, desde antes
del primer día que despertara el mundo.

¡Qué claridad tu rostro, qué ternura
de luz ensimismada,
qué dibujo de miel sobre hojas de agua!

Amo tus ojos, amo, amo tus ojos.
Soy como el hijo de tus ojos,
como una gota de tus ojos soy.
Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme,
del suelo, de la sombra que pisas,
del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños.
Levátname. Porque he caído de tus manos
y quiero vivir, vivir, vivir.


Jaime Sabines

Autonecrología


Te quiero porque tienes las partes de la mujer
en el lugar preciso
y estás completa. No te falta ni un pétalo,
ni un olor, ni una sombra
Colocada en tu alma.
dispuesta a ser rocío en la yerba del mundo
leche de luna en las oscuras hojas.

Quzás me ves,
tal vez, acaso un día
en una lámpara apagada,
en un rincón del cuarto donde duermes,
soy una mancha, un punto en lapared, alguna raya
que tus ojos, sin ti, se quedan viendo
Quzás me reconoces
como una hora antigua
cuando a solas preguntas, te interrogas
con el cuerpo cerrado y sin respuesta.
Soy una cicatriz que ya no existe,
un beso ya lavado por el tiempo,
un amor y otro amor que ya enterraste
Pero estás en mis manos y me tienes
y en tus manos estoy, brasa, ceniza,
para secar tus lagrimas que lloro.

¿En que lugar, en dónde , a qué deshoras
me dirás que te amo? Esto es urgente
porque la eternidad se nos acaba.

Recoge mi cabeza. Guarda el brazo
con que amé tu cintura. No me dejes
en medio de tu sangre en esa toalla

Jaime Sabines

Tu cuerpo esta a mi lado


fácil, dulce, callado
Tu cabeza en mi pecho se arrepiente
con los ojos cerrados
y yo te miro y fumo
y acaricio tu pelo enamorado
Esta mortal ternura con que callo
te está abrazando a ti mientras yo tengo
inmóviles mis brazos.
Miro mi cuerpo, el muslo
en que descansa tu cansancio
tu blando seno oculto y apretado
y el bajo y suave respirar de tu vientre
sin mis labios
Te digo a media voz
cosas que invento a cada rato
y me pongo de veras triste y solo
y te beso como si fueras tu retrato.

Tú, sin hablar, me miras
y te aprietas a mí y haces tu llanto
sin lágrimas, sin ojos, sin espanto.
Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas
se ponen a escuchar lo que no hablamos


Jaime Sabines

No es nada de tu cuerpo


ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre
ni ese lugar secreto que los dos conocemos
fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro
No es tu boca--- tu boca que es igual que tu sexo
ni la reunión exacta de tus pechos
ni tu espalda dulcísima y suave
ni tu ombligo, en que bebo
Ni son tus muslos duros como el día
ni tus rodillas de marfil al fuego,
ni tus pies diminutos y sangrantes,
ni tu olor, ni tu pelo
No es tu mirada ¿que es una mirada?
triste luz descarriada, paz sin dueño
ni el álbum de tu oído, ni tus voces,
ni las ojeras que te deja el sueño
Ni es tu lengua de víbora tampoco,
flecha de avispas en el aire ciego
ni la humedad caliente de tu asfixia
que sostiene tu beso.
No es nada de tu cuerpo
ni una brizna, ni un pétalo,
ni una gota, ni un grano, ni un momento


Es sólo este lugar donde estuviste,
estos mis brazos tercos.

Jaime Sabines

Muero de Ti


No es que muera de amor, muero de ti,
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de tí,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.

Muerto de ti y de mí, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido
me muero, te muero, lo morimos

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama que faltas,
en la calle donde mi brazo donde mi brazo va vacío
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros, separados del mundo
dichosa, penetrada, y cierto, interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que nos vemos,
en nuestras manos que nos necesitan,

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso
en tus muslos dulcísimos y vivos
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos obscuros e incesantes.
Me muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte, amor, muero morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
inconsolables, a gritos
dentro de mí, quiero decirte, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan
Nos morimos, amor y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.

La Piel de mi Deseo.


¿Es que hacemos las cosas sólo para recordarlas?
¿Es que vivimos solo para tener memoria de nuestra vida?
Porque sucede que hasta la esperanza es memoria y que el deseo es el recuerdo de lo que ha de venir.

¡Paraíso perdido será siempre el paraíso! A la sombra de nuestras almas se encontraron nuestros cuerpos y se amaron. Se amaron con el amor que no tiene palabras, que tiene sólo besos. El amor que no deja rastro de sí, porque es como la sombra de una nube, la sombra fresca y ligera en que se abren las rosas.

Sexo puro, amor puro. Limpio de engaños y emboscadas. Afán del cuerpo solo que juega a morirse. Risa de dos, como la risa del agua y del niño; la risa de la bestia bajo la lluvia que ríe.

Sobre tu piel llevas todavía la piel de mi deseo, y mi cuerpo está en vuelto en ti, igual de sal y de olor.

¿En donde estamos, desde hace tantos siglos, llamándonos con tantos nombres Eva y Adan? He aquí que nos acostamos sobre la yerba del lecho, en el aire violento de las ventanas cerras, bajo todas las estrellas del cuarto a obscuras.

Jaime Sabines.

Espero Curarme de Ti


Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

Jaime Sabines

Te Quiero a las Diez de la Mañana


y a las once y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tu piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estas hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yom me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo amor mío?

Testigo de su tiempo, correspondencia entre su ser


El poeta no debe de tocar las puertas,
debe derribarlas,
El poeta no debe esperar a ser un
consagrado,
porque ese día se momifica:
que estudie, que lea, que aprenda,
que abra los ojos para mirar la vida
y ahí encontrará
miles de estímulos vitales,
no premiecitos.
El poeta debe de tener sensibilidad,
y si además recibe estímulos de la
sociedad en que vive ¡que bueno!
y si no los recibe ¡que bueno también!
Las quejas extrapoéticas
no tienen sentido,
ni siquiera eficacia .
Si un poeta escribe para participar
de los juegos florales, está perdido
Es perder el sentido
el orden de la poesía. La poesía es un
puente de comunicación humana.
Es un diario proyector, las inquietudes.


El poeta debe ser testigo de su tiempo.
Debe descubir la realidad y recrearla.
Debe hablar de
lo que en él es vivencia.
El poeta debe ser
fundamentalmente auténtico,
la correspondencia entre su ser
y el mundo que lo rodea.
Si tienes una propensión mística,
por qué no escribirla; si vives sólo
y atormentado en la soledad
¿Por qué no hablar de lo tuyo?
La poesía debe ser
el testimonio de nuestra cotidianeidad
No debes racionalizar el acto poético
porque entonces te estas
falsificando.
La poesía no puede ser una entelequia
también esta en el sentimiento
lo más importante no es tanto el tema
sino el tratamiento del tema
No es lo que dices sino cómo lo dices

Jaime Sabines (1926-1999)

La víctima de nada sobreviviente del todo


Cuando tomo mi cuaderno,
es porque tengo un complejo de emociones humanas
que necesito sacar de mí.
Siempre sé lo que voy a escribir
porque todo lo que escribo
lo he vivido
No tengo que imaginarme cosas
como los novelistas.
Cuando escribo lo único que sé es
que sufro de dolor,
de esperanza, de alegría;
sé que estoy sufriendo
y que necesito decirlo
Mi necesidad de escribir es todo,
pero nunca miedo.
La poesía es un destino.
Algo que se hace fundamentalmente
con palabras, con emociones,
con sentimientos.

El poeta es el testigo del hombre,
de las cosas, del acto amoroso,
de la acción política.
La poesía debe ser testigo
de nuestra vida cotidiana.
Yo no puedo escribir
lo que no he tocado
lo que no he visto ni sentido
García Lorca decía
que el poeta se interna
en el bosque y cuando sale
- hasta entonces -
escribe sobre el bosque.
Por eso el poeta debe ser,
antes que nada,
un hombre común y corriente,
oficiante de todos los oficios
actor de todos los dramas
las tragedias y las comedias del mundo
El poesta es el payaso sufriente
la víctima de nada
el sobreviviente de la poesía.